martes , 26 septiembre 2017
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Agustín Poblete Poblete

TORTAS CURICANAS EN SAN FERNANDO, SABOR QUE CAUTIVA            

Quien ha ido al Terminal de Buses y no se ha comido una rica curicana, parece no haber pasado por San Fernando. De eso, sabe mucho Agustín Poblete Poblete, quien siendo un niño, se sobrepuso a un destino incierto tras el fallecimiento de su madre, dedicándose desde mediados de la década de 1950 a la venta de pasteles en la calle.

Don Agustín. ¿Cómo y cuándo comenzó en el comercio ambulante?

Ingresé al rubro siendo muy pequeño. Empecé vendiendo en la Feria Libre unos bolsones de papel que mi madre fabricaba a partir de sacos de cemento. En eso estaba, cuando entré al entonces “Almacén El Loro” y su dueño, don Juan Espósito, me pidió cien bolsones, lo que me motivó a continuar vendiendo al por mayor.

¿Una niñez muy difícil?

Claro, tras la muerte de mi madre me hice hombre de golpe, es decir pasé de niño a adulto sin darme cuenta. En ese entonces, tenía un padrastro que me sacó de la Escuela 1 y me puso al cuidado de los chiquillos menores. Como tampoco tenía un padre en quien apoyarme, por esas cosas de la vida y siendo aún pequeño, debí irme de la casa y comenzar a trabajar.

¿Quedó sólo en la vida?

En San Fernando no tenía más familia que mi madre, y cuando ella murió, empecé a trabajar en el comercio ambulante vendiendo pasteles, pan de huevo, conejos y colegiales, que se fabricaban en la tradicional Pastelería Salón Victoria, que se ubicaba en Manuel Rodríguez con Chillán.

¿Dónde vendía sus pasteles?

Los colocaba en un canasto y los vendía en las micros que iban al campo, pues en esa época no existían los buses interprovinciales, y para salir o llegar a San Fernando, la gente debía hacerlo en tren.

¿Qué pasó después?

Todo cambió cuando empezaron a correr los primeros buses interprovinciales de las empresas “Lit” y “Vía Sur”. Eran modernas máquinas que revolucionaron el trasporte y que viajaban a Curicó, Talca, Linares, Rancagua y Santiago. Estoy hablando del año 1960. Precisamente, fue en es época que comencé con la venta de las sabrosas tortas curicanas, trabajo que me ha hecho conocido en todo San Fernando.

¿Qué características tienen las tortas curicanas que las hacen tan apetecidas? 

La torta curicana es uno de los pasteles típicos y representativos de Chile. La gracia que tienen es que se elaboran en diversos tamaños y sabores como de alcayota, manjar, almendras, nuez, manjar con naranja y almendra con nuez. Se hicieron famosas por que la gente que viajaba al sur en tren, aprovechaba la parada en Curicó para comer un tentempié.

Don Agustín, usted fundo el sindicato de vendedores ambulantes. ¿Cómo fue eso?

Eso fue hace 50 años, cuando en 1967 fundamos el Sindicato de Trabajadores Independientes de Vendedores Ambulantes y Estacionados de la Provincia de Colchagua, el que aún presido. Antes teníamos más socios, pero con el tiempo han ido falleciendo y ahora solo nos quedan 13, somos personas de la tercera edad que nos turnamos para vender pasteles en el Terminal de Buses, donde tenemos dos puestos. Sin embargo, yo tengo otro lugar de venta en la Avenida Manuel Rodríguez.

¿Qué nos puede contar de su familia?

Soy casado con Rosa Cárcamo desde 1970. Con ella tenemos tres hijos hombres. Hemos formado una linda familia basada en los principios cristianos, ya que ambos somos evangélicos. Yo, en lo personal, soy profesor de los niños en la Iglesia Evangélica que se ubica en la Calle Olegario Lazo 345.

¿Cómo era el San Fernando de su juventud?

Antes nos conocíamos todos y la ciudad llegaba hasta la calle Juan Giménez,  desde donde partía el campo. Ahora la comuna ha crecido mucho con la construcción de nuevas villas y edificios.

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