sábado , 17 febrero 2018

FERNANDO BOZO

FERNANDO ENRIQUE BOZO CATALÁN: UNA VIDA QUE CONTAR

La vida de este empresario ha estado ligada de una u otra manera a los pollos. Este sanfernandino nacido en Peralillo, quien inició su carrera en la desaparecida Empresa Nacional Avícola, detiene su andar para hablar de San Fernando y de su formación en el Instituto Comercial Alberto Valenzuela Llanos. “Mi paso por el Comercial fue fundamental para mi carrera. Allí tuve grandes maestros y compañeros que dejaron una huella indeleble en mi vida”; recuerda con nostalgia, mientras bebe a sorbos un café en medio del ajetreo y el bullicio que caracteriza a la Avenida Bernardo O’Higgins.

                                                                                              Por Emilio Benavides Terzolo

 

¿Qué puede contar de su infancia?

Soy hijo del carabinero Manuel Jesús Bozo y de la comerciante Ana Catalán Cornejo, quien tenía una Fuente de Soda en Peralillo. Mi padre estaba destinado allí cuando conoció a mi madre. Fruto de ese amor nacieron cuatro hijos, dos hombres y dos mujeres, siendo yo el mayor de ellos. Tuve una infancia con mucha estreches económica, pero llena de buenos valores.

¿Tuvo una niñez itinerante dada la profesión de su padre?

Nos cambiábamos continuamente de casa. Eso me permitió conocer mucho la región, hasta que siendo un niño llegamos a San Fernando, que me adoptó como uno de sus hijos, pese a que nací en Peralillo.

¿Dónde realizó sus estudios?

Comencé en la Escuela de Peralillo, luego continúe en la Escuela 1, actual Escuela  Jorge Muñoz Silva, después en la Escuela de Agua Buena, para completar mi educación primaria en la Escuela de Roma. Posteriormente, con 12 años de edad ingresé a la Escuela Normal de Curicó, en la cual estuve tres años; sin embargo, la nostalgia y el no tener vocación por la docencia me hicieron volver a San Fernando. Acá estudié en el Instituto Comercial Alberto Valenzuela Llanos, dónde egresé como contador.

¿Cómo fue su paso por el Comercial?

Recuerdo a mis profesores como grandes educadores. En ese colegio coseché grandes amistades, que hasta el día de hoy mantengo. Hablamos del final de la década del 60 e inicios de los 70, una época de cambios en la que el país estaba dividido y todos tenían una posición ideológica y política clara. Si bien nunca he militado en un partido, como joven idealista apoyé el proceso de cambios que llevaba a cabo el Presidente Salvador Allende.

¿Cuándo inició su vida laboral?

El año 1972 me fui a trabajar a Santiago. Un amigo que era contador de la Empresa Nacional Avícola me ofreció realizar un reemplazo en la planta faenadora que se ubicaba en Nos. Me encontraba en eso cuando ocurrió el Golpe de Estado. Ese día estábamos trabajando y nos ordenaron retirarnos a la casa. Fueron cuatro días de toque de queda total, un momento difícil en el que mi padre, quien ya había jubilado de Carabineros, estaba muy preocupado por mí.

¿Qué paso después?

La Empresa Nacional Avícola pasó a manos de un privado y quedé cesante. Después trabajé brevemente en una exportadora de vinos y en 1977 ingresé a Súper Pollo, compañía que me formó y me entregó las herramientas necesarias para ser lo que soy en la actualidad.

¿Cómo fue trabajar en Súper Pollo?

La empresa recién iniciaba sus operaciones con una planta ubicada en Doñihue, en tanto, los que nos desempeñábamos en la parte administrativa estábamos en Santiago. Ingresé como un simple funcionario y de a poco fui perfeccionándome y ocupando cargos de mayor responsabilidad. En ese tiempo Súper Pollo no era más que un fundo que vendía pollos faenaos. Allí estuve por 20 años hasta 1996, ocupando diversos cargos en varias ciudades del país, siendo sub gerente zonal en Concepción y gerente zonal para la de VI y VII regiones. Me retiré de la empresa, ya que consideré que había tocado techo y no podía seguir creciendo.

¿Cómo logró la anhelada independencia?

Negocié mi salida con Súper Pollo y me instalé en Rancagua con un local en el que vendía productos de la misma compañía. La empresa había crecido mucho de la mano de su propietario don Gonzalo Vial Vial y ya no producía pollos solamente, sino que cerdos, pavos y cecinas. Posteriormente tuve un segundo local en la capital regional y en 1997 puse un local en el centro de San Fernando, donde llevamos 20 años.

¿Cuántos trabajadores hay en sus tres locales?

En total son 45. Dos de los trabajadores de San Fernando están desde los orígenes del negocio: la señora Carmen Gloria Silva y Luis  Alberto Sandoval. Cuando celebramos los 20 años de la instalación del local, le hicimos a ambos un reconocimiento por su abnegada labor.

Hay otra faceta en su vida como empresario turístico. ¿Qué nos puede contar de aquello?

Además del negocio de las carnes y cecinas, hace más de dos décadas tengo un hostal en las Termas del Flaco, siguiendo los pasos de mis padres que se instalaron con un emprendimiento en el que mi mamá vendía bebidas, maltas y cervezas. Mi negocio lo bauticé como “Anita” en honor a mi madre, posteriormente se transformó en una residencial que es atendida en la temporada estival por mi esposa Teresa Martínez Montecinos.

¿Qué es la familia para usted?

Para mí es muy importante. Todo partió cuando conocí a mi esposa y empezamos a pololear. Era una época en la que se estilaba pedir la mano a los padres. Con

Teresa formamos una linda familia y tenemos dos hijos: Fernando Andrés de 36 años es oficial de Carabineros, y José Ignacio de 30, que es Ingeniero Agrícola.

¿Qué tipo de turistas llegan a su Hostal?

Mayoritariamente son profesionales que están en búsqueda del relajo que ofrecen las termas. La gente recomienda mi hostal de boca a boca y así van llegando los clientes, quienes quedan maravillados por el entorno de las Termas del Flaco.

¿Desde cuándo conoce las Termas del Flaco?

Las visitó desde los 7 años. Cuando  mi padre era Carabinero fue destinado durante los veranos y veníamos con toda la familia. Después mis padres se enamoraron del lugar y se embarcaron con un pequeño emprendimiento. Las Termas del Flaco son únicas en el país, algunos estudios científicos las han verificado como las mejores del país, ya que tienen cualidades curativas únicas.

¿Qué pasa con la propiedad del lugar?

La gente que trabaja en el sector pertenece a la segunda o tercera generación de comerciantes. Junto a la actual administración comunal del Alcalde Luis Berwart y el Concejo trabajamos en un proceso de venta que vendrá a concretar un anhelado sueño de los locatarios, lo que contribuirá a potenciar el lugar, aumentará las inversiones, generando un mayor desarrollo y el despegue definitivo de las Termas del Flaco.

Usted ha sido uno de los principales impulsores del Paso las Damas. ¿Qué puede contar de aquello?

Ya está en el registro de pasos habilitados. Desde Argentina han cruzado excursionistas. El Paso las Damas comenzó con una huella mulera muy transitada por hombres de a caballo, sin embargo, con mucho trabajo y esfuerzo hemos ido consolidando y construyendo la ruta. Hace no más de tres años nos bajamos del caballo y nos subimos a un vehículo 4×4 con una ruta de alto estándar en la montaña, lo que nos tiene muy contentos, pero debemos seguir insistiendo y aunando voluntades para que el lugar sea un paso estival habilitado con horario todos los días.

 ¿Qué falta para aquello?

 Las empresas hidroeléctricas han contribuido notablemente a mejorar la ruta. Lo que nos falta es contar con instalaciones del Servicio Agrícola Ganadero durante la temporada estival, para que el paso quede habilitado formalmente y para ello estamos en conversaciones con las autoridades.

Volviendo al Valle. ¿Cómo ve el San Fernando de estos días?

Es una ciudad que ha crecido mucho, pero sin planificación urbana; sin embargo, en los últimos años están cobrando vida grandes proyectos que van en directo beneficio de la comuna y de su gente. El Alcalde Luis Berwart ha impulsado iniciativas para mejorar la conectividad como el Paso Bajo Nivel de manso de Velasco, al igual que otras obras como la nueva Piscina Municipal y la remodelación del Parque Abel Bouchón. Veo con muy buenos ojos esta oportunidad de crecimiento, pero todos debemos aportar para tener una ciudad más amable y acogedora.

¿Algún mensaje para los sanfernandinos?

Debemos creernos el cuento y sentirnos orgullosos de ser sanfernandinos. Tenemos un patrimonio que muy pocas comunas poseen, una linda y tranquila ciudad con muy buena gente y donde todos nos conocemos.

                                                                       Fotos y entrevistas: Emilio Benavides Terzolo

 

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