lunes , 15 octubre 2018
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Luis Albornoz Guerrero

LUIS ANTONIO ALBORNOZ GUERRERO: NO TODO EN LA VIDA SON PAPAS FRITAS

Por Emilio Benavides Terzolo

Recorrer la Plaza de Armas de San Fernando y no probar las papas fritas que vende y produce “Luchito”,  es como no haber estado nunca allí. Este santiaguino, que partió trabajando de joven como auxiliar de buses, conoció en nuestra ciudad a Patricia  Ibarra Martínez, la mujer de su vida. Ella, fue la “culpable” de que se quedara para siempre entre nosotros, inundando de olores y sabores la esquina de Carampangue y Argomedo.

¿Quién es Luis Antonio Albornoz Guerrero?

No soy el más indicado para responder esa pregunta, pero podría decirle que tengo 62 años de edad y que nací en la maternidad del antiguo Hospital del Salvador, que se ubica en la comuna de Providencia. En Santiago vivía en el tradicional barrio San Diego junto a mi madre Laurentina Rosa Guerrero, de mi padre, en tanto, no tengo recuerdos, pues no tuve relación con él.

¿Qué me puede contar de su barrio de infancia?

Vivíamos cerca del Parque Almagro, que antiguamente era conocido como la Plaza Almagro. Mi casa se encontraba detrás de “La Cunsa”, que era un cité donde habitaban “patos malos”, pero de malos no tenían mucho, pues eran bastante tranquilos en comparación a los delincuentes de hoy en día.  En el barrio había mucha vida nocturna, ya que estábamos cerca del Teatro Caupolicán, conocido porque allí se hacían concursos de bailes como el rock and roll, se presentaban los mejores artistas de la época,  había concentraciones políticas, y veladas boxeriles de antología.

¿Dónde realizó sus estudios?

Estudié en el emblemático Liceo Valentín Letelier de Recoleta, en ese entonces comuna de Santiago, cursando hasta segundo año de humanidades. Dejé el liceo para ayudar a mi madre, quien trabajaba como asesora del hogar. Por ello, siendo un quinceañero, me vi obligado a incorporarme al mundo del trabajo.

¿Cuál fue su primer trabajo?

Empecé como auxiliar de buses en las empresas “Flecha Verde” y “Vía Sur”, que iban con destino al sur y se detenían obligatoriamente en San Fernando. Corría el año 1970, época en la que la carretera no era lo que es ahora, tenía solamente dos pistas, por lo que los accidentes eran muy frecuentes.

¿Cómo empezó su contacto con San Fernando?

Siempre que el bus paraba en la ciudad almorzábamos en “El Roxy”, un restaurante que se ubicaba en la avenida Bernardo O’Higgins. En ese negocio trabajaba de garzona Patricia Ibarra Martínez, quien con el paso del tiempo se convirtió en mi esposa y en la madre de mis cinco queridos hijos.

Una familia grande

Claro, cinco hijos no son pocos. Ellos son Gustavo, Ángelo, Natalie, Vanessa y Luis Patricio. Dos de mis hijos, el “Pato” y el Ángelo, nacieron con retraso mental leve, pero han sido una bendición que nos envió el Señor.

Por lo que veo, ¿usted es una persona religiosa?

Soy una persona que si puede ayudar a alguien lo hace. No todo en la vida son papas fritas. Descubrí al Señor hace unos diez años, cuando me congregué en la Iglesia Evangélica Pentecostal que está en la calle Matte de la Población San Martín. Toda mi vida había creído en Dios, siendo católico, pero ahora soy cristiano y lo digo con orgullo. En mi iglesia se ríen de mí porque le digo “El Flaco” al Señor. Él es alguien que no falla y no lo abandona a uno ni en los momentos más difíciles de la vida. He sido testigo como ha sanado a muchas personas enfermas.

A propósito de papas fritas. ¿Cuáles son las mejores papas para freír?

Yo utilizo la Desiree. Esa la encargo a los caseros que tengo en la feria. Muchos no saben, pero existen variedades de papas que se queman y otras que vienen pasadas de agua, ambas no sirven y quedan muy malas. Sin embargo, la mejor papa de todas es la Coraila, que es del sur, pero que ya no llega por estos lados.

¿Cómo ingresó al rubro de las papas fritas?

El año 1982 trabajaba como administrativo en la línea de buses Andimar, que recién se había fundado. Allí teníamos un muy buen patrón, don Enrique Morales Calderón, que en paz descanse. Después, hubo una reducción de personal en la empresa y en 1983 se me presentó la oportunidad de comprar este negocio, que trabajo desde entonces con mi esposa. Con ella nos quedamos hasta tarde por las noches pelando a puro cuchillo las papas para el día siguiente, las que son consumidas por todo tipo de público, en su gran mayoría, niños con sus padres y estudiantes.

¿Le costó ambientarse al rubro?

No fue fácil al principio. Las primeras papas se me quemaron y después fui entrando en vereda. Este es un negocio que demanda tiempo. En época de colegio abro por las mañanas desde las 10:00 a 14:30 y en la tarde desde las 16:30 hasta las 22:00 horas. Los fines de semana, trabajamos en la pura tarde, entre las 16:00 y las 22:00 horas, al igual que en verano.

¿Son sus papas fritas las más ricas de San Fernando?

No podría “cachiporrearme” y decir que son las mejores de San Fernando, pero la gente y los clientes de mi local “¿Dónde está la Papa?”, afirman que papas como éstas no existen en otro lugar.

Por último. ¿Le gustan las papas fritas?

Me encantan, pero como tengo diabetes, no puedo comerlas, aunque de vez en cuando, pruebo unas poquitas.

Fotos y entrevistas: Emilio Benavides Terzolo

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