jueves , 21 junio 2018
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Maestros rurales: compromiso al servicio de la infancia

Por Emilio Benavides Terzolo

Desde tiempos inmemorables los maestros rurales han sido un motor de cambio y movilidad social. Ejemplo de ello es Susana Fuenzalida Vivanco, quien pasa sus días en la localidad de Puente Negro, desempeñándose en la Escuela Sergio Verdugo Herrera. “Realizo mi trabajo con amor y pasión por mis niños”, señala esta profesora, quien fue distinguida como docente destacada por la Corporación Municipal.

Señora Susana. ¿Qué nos puede contar de su vida?

Provengo del sector rural chimbaronguino de Aytué, camino a Codegua. Allí vivía en la casa de una tía. Mis estudios básicos los hice en la Escuela El Perejil y de ahí pasé a la Escuela Melecia Tocornal, para egresar de cuarto medio en el Liceo Municipal de Chimbarongo. Como se acostumbraba en el campo, me casé muy joven, a los 18 años, teniendo tres hijos: Araceli de 24 años, Javier de 11 y Martina de 10.

¿Cuándo decidió dedicarse a la docencia?

Me di cuenta que la vida en la casa era muy monótona y me puse como meta estudiar una carrera. A los 25 años ingresé a estudiar Pedagogía Básica en la Universidad Austral, que en ese tiempo dictaba clases en San Fernando. Ahí me di cuenta que mi verdadera vocación era ser profesora. Nací y me crié en el campo, por lo que lo más lógico era ser maestra rural, algo que realmente me apasiona.

¿Cómo era la educación que recibió cuando niña con relación a la actual?

En mi época los niños del campo no recibíamos una buena educación. A todos le pasaban las mismas materias y no había grandes avances. A pesar de sus esfuerzos los profesores de entonces no contaban con las herramientas que tenemos actualmente, donde existe la posibilidad de perfeccionarnos y asistir a cursos y capacitaciones.

¿Dónde se ha desempeñado como profesora?

Trabajé en Chimbarongo unos dos años y después lo hice en Buin, donde estuve por cerca de un año, hasta que en 2002 me llamaron desde la Corporación Municipal de San Fernando para hacer un reemplazo. Partí en la Escuela San Hernán (actual Pedro Morales), posteriormente estuve en la Giuseppe Bortoluzzi, para finalmente llegar a Puente Negro para trabajar en la Escuela de Concentración Social Rural Sergio Verdugo Herrera.

¿Cómo es el contacto con las familias?

En esta escuela los docentes nos relacionamos con todas las familias y conocemos  la realidad de cada niño. Brindamos una educación personalizada. Actualmente tengo a cargo el tercero básico, donde cuento con 30 alumnos

¿Cómo está la matrícula en su escuela?

La hemos ido incrementando sostenidamente. Al 6 de marzo teníamos 231 alumnos, con relación a los 211 del año pasado, algo que nos llena de orgullo y que es fruto del trabajo que encabeza nuestra directora la señora Guirnalda Riquelme. A la escuela han llegado muchos niños provenientes de Santiago que vienen de otra realidad y son un poco más revoltosos y tienen otras costumbres, pero con cariño y paciencia hemos logrado que se adapten a nuestra realidad.

¿Cómo ha sido el trabajo con la Corporación Municipal?

La Corporación nos apoya y nos invita permanentemente a dar charlas a otros colegios de San Fernando. De esta forma damos a conocer a los colegas la forma en la que trabajamos acá. En nuestra escuela hemos puesto en funcionamiento diversas estrategias que han dado buenos resultados, lo que se ha traducido en una continua mejora en los resultados del Simce. Uno de nuestros principales desafíos ha sido mejorar en los niños la comprensión lectora, potenciando la lectura silenciosa.

¿Qué mensaje les daría a los niños y apoderados?

A los niños les digo que sigan siendo alegres y creativos, que no se entrampen en que no se pueden hacer las cosas, ya que siempre se pueden lograr los objetivos que uno se propone en la vida. A los apoderados y padres les pido que nunca dejen de apoyar a sus niños, ya que por más grandes que estén, nunca dejarán de ser niños.

Por último. ¿Qué sintió al ser reconocida como docente destacada junto a otros cuatro profesores?

Esto es algo que me llena de orgullo, ya que se está reconociendo un trabajo de tantos años. Ser maestra rural es algo especial que la distingue a uno y vivir en Puente Negro, en plena precordillera, es algo impagable.

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