miércoles , 26 septiembre 2018
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Pedro Oróstica

“San Fernando tira más que una yunta de bueyes”

Por Emilio Benavides Terzolo

“Nací en la casa, a la antigua, tal como se acostumbraba en aquellos años. Me trajo al mundo la “Mama María”, una partera que era muy conocida en ese tiempo y que además componía los huesos”, recuerda este reconocido creador musical y folclorista de 78 años de edad, quien admite sin rodeos, ser un nostálgico de ese San Fernando que se fue y no volverá.

Don Pedro. ¿Qué recuerdos tiene del San Fernando de antaño?

San Fernando era un pueblo apacible en el que todos nos conocíamos, con gente amable que se saludaba cuando se encontraba en la calle. La modernidad es positiva, pero tiene sus bemoles. Ahora, ni siquiera conocemos el nombre de nuestros vecinos. Hemos perdido el espíritu de barrio.

¿Cómo fue su infancia?

Soy hijo de una madre soltera y analfabeta, que se sacó la cresta para darnos educación. Mi padre nos dejó cuando mi hermano tenía 6 años. Pese a eso, tuvimos una buena niñez en la calle Laja, entre Rancagua y la avenida Bernardo O´Higgins. Pasábamos los días en el barrio jugando a “pata pelá” con los amigos.

¿Dónde realizó sus estudios?

Estudié en la Escuela 5, actual Olegario Lazo,  que estaba en Tres Montes. Allí los profesores normalistas me enseñaron a servir a los demás. Después, pasé al Liceo Neandro Schilling, continuando mis estudios en la Escuela Normal de Curicó. Sin embargo, me retire porque me di cuenta que no tenía vocación para la docencia.

¿Qué nos puede contar de su adolescencia?

Fue muy buena, la disfruté bastante y tengo muy bonitos recuerdos. A los 16 años llegué a ser seleccionado de básquetbol. Me vinieron a buscar varios equipos, entre ellos, la Unión Española, pero no me fui, pues mi madre era un tanto aprensiva y no me dejaba salir mucho.

¿Qué pasó después?

Con el tiempo entré a trabajar al Seguro Social. Me casé a los 19 años y con mi señora nos fuimos a vivir a Chimbarongo. Formamos una linda familia con cinco hijos y este 2018 se cumplen 30 años desde su partida. Fue un dolor muy grande, pero tuve que salir adelante con mis chiquillos.

¿Hábleme de la bohemia sanfernandina?

La hubo y muy intensa, sobre todo en las décadas de 1960 y 1970. En esa época existía “El Clan de los 25”, que a diario se reunía en el Bristol City, un café que quedaba donde actualmente se ubica el Rigoletto. Allí nos juntábamos a hablar de la vida y un sinfín de temas. El grupo lo integraban, entre otros, Osvaldo “Polo” Maturana, Manuel “Huaso” Marín, Willy Quinteros y Eduardo Ramírez. Ha pasado el tiempo, y de los 25, quedamos sólo nueve.

Usted de se ha caracterizado por cultivar el folclore. ¿Tiene algún referente en el tema?

Mi profesor fue un señor de Rancagua, quien me enseñó un concepto muy primordial que consiste en ser metódico. Sin embargo, también tuve otros maestros como el linarense Lastra y Juanito Tobar. Pero para mí, no hay como Violeta Parra. Es uno de los más grandes referentes del folclore nacional. Como ella, no hay otra.

¿Cuéntenos sobre su trabajo con el grupo “Nostalgia”?

Fue una muy bonita experiencia. Lo pasábamos muy bien sobre el escenario, buscando entregar lo mejor de nosotros y que la gente se  alegrara  con   nuestra música. Por eso, agradezco a quienes fueron  nuestros formadores como el “Negro” Jiménez, “El Titiritero”,  “Pepe” Ferrari, su esposa “Nenita” y  Nelson “Pirincho” Vergara, recordado  amigo y gran músico.

¿Cómo ve el San Fernando del futuro?

Quiero que siga siendo una comuna acogedora, en la que la gente camine sin prisa por sus calles. Ya no tenemos esos aires de pueblo y estamos creciendo hacia arriba con edificios en altura, algo que en lo personal no me gusta mucho. Sin embargo, si volviera a nacer lo haría nuevamente acá, ya que San Fernando, tira más que una yunta de bueyes.

Fotos: Sebastian Padilla

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